Entrevista al Animero de Cahuasquí

  • Mónica Pacheco Bracho

Resumen

En el marco de la consultoría “Inventario de bienes culturales inmateriales del cantón Urcuquí, Provincia de Imbabura”, patrocinada por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural - INPC, se registró la manifestación “El Animero”, en la parroquia de Cahuasquí, en el mes de noviembre del 2010.De acuerdo a la investigación, el animero es un intermediario seglar entre la vida y la muerte cuya misión es la de mantener vivo el recuerdo de quienes fallecieron, especialmente durante la época del año en que el Ecuador celebra la Fiesta de Finados. Recorre por las noches las calles de la parroquia de Cahuasquí y se detiene a llamar la atención de los moradores a la voz de “un Padre Nuestro y un Ave María por las benditas almas del purgatorio. Por amor a Dios”. Lleva consigo una campana de mano propiedad de la Iglesia local, con la que anticipa su paso y su rezo. Cada animero tiene un conjunto de oraciones cristianas, nos cuenta Luis Andrango, quien aprendió las suyas de un antiguo libro que encontró en un cajón de sus abuelos, hace ya varios años.Los recorridos se realizan durante las noches de los 9 días anteriores al 2 de noviembre, es decir a partir del 25 de octubre. El ritual se inicia en el cementerio local, poco antes de llegada la media noche. El animero se dirige hacia la cruz central del lugar, donde se encuentra un altar, donde realiza su primera plegaria para invitar a las benditas almas del purgatorio a acompañarlo en su recorrido alrededor del pueblo y les pide protección para cumplir con su misión y conseguir las oraciones que las fortalecerán y las acercarán a Dios. Como actividades preparatorias para el cumplimiento del trayecto, es necesario “estar limpio de mente y corazón”, por ello son indispensables los ritos católicos de confesión y comunión. Es por ello que el animero se mantiene en interlocución con la Iglesia de manera permanente.Actualmente, la participación de los pobladores en esta manifestación, ha variado considerablemente. La tradición oral cuenta que lo acostumbrado era dejar ventanas y puertas abiertas para que las almas de los familiares puedan entrar en las casas y servirse aquello que la familia les dejaban sobre la mesa, generalmente los alimentos que más apreciaban en vida. La creencia de que el animero hace su recorrido en compañía de las almitas que recoge del cementerio al iniciar su ritual, provocaba gran cautela en quienes lo presenciaban, por lo que evitaban mirarlo directamente mientras hacía su recorrido, se persignaban cuando lo escuchaban y elevaban sus oraciones conforme su invitación. Con esto, las almitas de la familia se quedaban tranquilas y accedían a ver la luz del rostro de Dios. Durante el registro de la manifestación, se constató que estas prácticas se han perdido casi por completo, aunque en algunos hogares todavía subsiste la costumbre de invitar al animero a pasar a los domicilios donde se le pide que rece por las almas de la familia, a cambio de pan o dinero. En el rito, el animero pregunta “¿a la almita de quién?”, a lo que se le responde con un nombre determinado. Con esta información, el animero levanta su plegaria particular recordando a la persona indicada de acuerdo al nombre que llevaba en vida.Varios temas para posterior investigación se ponen sobre el tapete ante el registro de esta manifestación: el análisis de la mixtura de cosmovisiones al respecto de la muerte, el rol del animero en la comunidad, su mantenimiento a lo largo de los años, la intermediación del ser humano entre la vida y la muerte, la existencia de manifestaciones similares en otros lugares del país, entre otros. En tal sentido, se expone a continuación un extracto de la entrevista editada de Luis Andrango, de 69 años; el actual Animero de Cahuasquí.

Publicado
2010-07-01
Sección
Documentos y Testimonios